16, marzo, 2019

Snapchat y la mala reputación

Los adolescentes están eternamente en esa fase de: “no tengo nada que decir, pero tengo unas ganas terribles de decir cosas“, el estado de los perfectos románticos que ha encontrado cabida en Snapchat.

Cuando yo era adolescente tenía el teléfono fijo. En cuanto llegaba a casa me colgaba al teléfono para hablar con esas amigas con quién había pasado todo el día. Y en 1900 tenían la correspondencia, seguro que todos tenemos esa imagen de un guapo escritor solitario pensando en su amada y diciéndole cosas que ahora suenan sosas pero que antes podían resultar hasta indecentes. ¡Ah, la decencia! Eso también ha cambiado mucho. ¡Cuán criticada fue la primera mujer que vistió un bikini allá por 1946. Y ahora eso no significa nada. También nos hemos abierto a hablar de sexo y las mujeres podemos hasta decir que disfrutamos de él.

Sí, hemos superado muchísimas revoluciones.

Ahora las cosas son diferentes: El sexo se descubre más temprano y la formalidad de una relación más tarde. Ya no nos carteamos con los amados más de una frase seguida y por supuesto no esperamos más de un segundo hasta impacientarnos porque la doble verificación del WhatsApp no ha saltado todavía. Es la era de la inmediatez. Y de la constancia, ya que en Internet todo queda. Y tú ya lo has enviado antes de que te dé tiempo a arrepentirte. Eso pasa con Snapchat.

snapchatPoco a poco te vas labrando una reputación en Internet que la gente de negocios llama marca personal que no se borra, y a la que CUALQUIERA tiene acceso. Todo lo que subes tú, y lo que suben otros, queda. Eso no pasaba en mi adolescencia con el teléfono, por ejemplo. Y creo que los adolescentes de ahora echan de menos esa espontaneidad secreta en la que divertirse sin la presión de que todo eso les pase factura en el futuro cuando quieran ir a la universidad o vayan a buscar trabajo. Porque pueden estar seguros de que les van a buscar en Google, y si se equivocaron y hay fotos suyas comprometedoras en la red, perderán esa oportunidad. Y Snapchat tiene esa espontaneidad que los jóvenes van buscando.

Ahora no pueden arriesgarse, tienen que estar muy atentos para que un mal amigo no difunda fotos suyas que le hagan tener mala reputación. Pero, ¿es nuevo esto? Yo creo que no. La mala reputación existe desde el principio de los tiempos y se ha adaptado a los medios de comunicación de la época. Si bien en 1900 bastaba con decir que se había visto a una mujer salir sola de misa con un hombre y sin más acompañamiento, cuando yo era adolescente el tema estaba en si te habían dejado embarazada. Ahora es una foto desnuda lo que arruina reputaciones y la única manera de evitarlo es no haciéndose fotos desnuda. Como la única manera de evitar cotilleos en mi adolescencia era evitando el sexo.

¿Lo van a dejar de hacer los adolescentes? No lo sé. Dependerá del carácter, supongo. Y de la responsabilidad. Pero los medios, las herramientas no tienen la culpa. La culpa la tenemos los adultos por no plantarle cara al asunto y ayudar a nuestros hijos a entender que en el mundo no todos tienen buenas intenciones y que hay gente que suele mentir para conseguir las cosas que quiere (eso incluye el sexo o las propias fotos). Y aún así nunca estaremos seguros porque las cosas no se aprenden hasta que no se experimentan.

snapchatPadres, madres: os invito a probar ese reducto de falsa libertad que han encontrado los adolescentes. Es una aplicación para smartphones que se llama Snapchat y sirve para enviar fotos a amigos que se autodestruyen cuando pasan unos segundos. La aplicación es muy rápida y muy instantánea. ¿Y de verdad que desaparecen los mensajes de los dispositivos? Sí… si no eres malintencionado y no haces una captura de pantalla, eso sí que no lo puede borrar la app.

Yo me la ha bajado hoy y es muy juguetona, es divertida y da ganas de jugar. Ahora, ¿peligrosa? Igual de peligroso que Romeo se cartee con Julieta.

About The Author

Desde siempre me han interesado los medios de comunicación actuales y la influencia que ejercen sobre la sociedad. Y por eso decidí dedicarme a la publicidad. Primero a la publicidad corporativa en un estudio de identidad corporativa propio, en el que desarrollé multitud de funciones desde diseño gráfico, fotografía, ejecutiva de cuentas o responsable de calidad. Y más tarde vine a Madrid donde he trabajado como creativa para grandes cuentas. Pero esto no ayuda a la gente. Vivimos desinformados de tanta sobreinformación y quiero ayudar, sobre todo a nuestros jóvenes, a desentrañar este mundo y sus fuerzas de poder. Esa es la razón por la que he fundado Proyecto Mentes Libres, para ayudar a los chicos a ser libres, enseñarles a evitar la manipulación mediática y que conozcan bien los medios de comunicación actuales para que nadie les ate a una realidad que solo existe para el poder.

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